viernes, 2 de enero de 2015

Hebdomario


Juan Alberto Rojas





Mandrágora CLOCK

 




CREPUSCULARIO EN LA SANGRE DE LA LUNA
 


Danzad en las catacumbas

 gritaban en sus lobunos rostros 

 deshacian un lento transcurrir
 
de la hora mortuoria  

brillantemente dibujada 

incluida en su insensible 

destreza

 una hermosa doncella

lleva la piel tatuada
 
con la transparencia de una luna marcada a fuego
 
noche de los rios
 
noche en los desiertos
 
las bocas besan la sed
 
con un roze de alas quietas
 
el vino de la nocturnidad
 
mas larga beberemos
 
brindis desvastados
 
entre las cruces que hurgan
 
un corazon del viejo señor
 
de las tinieblas
 
los cuerpos yacen
 
frente al aroma de los inciensos
 
gestando una brutalidad
 
crepusculo hechado
 
en carnes
 
arcano
 
!detened la danza!
 
Los espectros auscultan la antigua melodia
 
profesia milenaria
 
¿Donde estaremos en la perpetuidad
 
del hechizo?
 
¿Donde prolongar la agonia
 
de un amanecer
 
que estalla entre los dedos?
 
Los cuerpos
 
sudaron
 
tierra
 
cuando las alondras
 
deglutian
 
a los cuervos
 
entre las criptas
 
los suisurros del viento
 
acuna al glorioso
 
despertar
 
y las cenizas esculpen
 
el principio hacia la eternidad

Joe Rage Rabid Escobar

 







UN HAMBRE QUE HORRORIZA 

un mundo se eleva más allá de la segregación 
pero mezclada con chivos expiatorios y la desviación 
carteles de propaganda y terror sin fin 
promesas rotas de errores remendandos 
las manos temblorosas de un hombre de trabajo 
como un ala recortada de pájaro de un aviario corporativo demasiados gusanos para luchar demasiado caliente para el vuelo otra de las víctimas de la esclavitud glorificado 
pero un estruendo creciente grita desde dentro 
los apetitos de los truenos de terror 
como todos la garra para algo que temer 
una necesidad horrible para un horror para escuchar 
maquinaria gritando desgarros tierras desoladas 
países destrozados atacados salvajemente bajo comandos 
bosque atacado salvajemente en arenas ennegrecidos 
indivisa que Cower estan encadenados hasta que lo representamos

El Doctor CLOCK




 Despertar
       Una pisada que cicatriza el universo
Ahí los olfatos estrangula la oscuridad
Mientras navegas las ruinas de las mentes
 
Moví  el tiempo
 La genila ese singrocio
Cortocircuita mi cerebro
    Y grita el silencio 
 
 
Aplasta
 
Me estira
 
Introduce alambre gelatinosos
 
 Me infla
 
 
Lo ceca
 
Me desforma en su forma
 
 
 
Hasta estallar el ocaso de las brujas
Entonces entendí
No podré despertar sobre la formica
 Sobre el mismo lado de mi rostr

La biblioteca de los libros vivos por el Doctor CLOCK

Has entrado a la biblioteca del Ciclope donde guarda cada libro de monstruos, vampiros, locuras, asesinos, y demás seres que hallas conocidos en los genios de la literatura del terror, misterio y suspensos, ¿pensate que has leído todo? jajaja acompáñenme… 
You've come to the library of Cyclops, where you keep every book of monsters, vampires, follies, murderers, and other beings find yourself known in the literary geniuses of terror, mystery and suspense,? pensate that you have read it? join me ... lol

 
Detrás de esta puerta secreta, se encuentra unas escaleras, y debajo esta la biblioteca de los libros vivos, nadie se atrevió a bajar es un lugar lleno de temor solo yo puedo bajar, ahí hay libros que se han olvidados por el transcurso de los años, solo se los menciona por simple comentarios, pero nunca mas sean vuelto a leer, eso genero que sus personajes cobren vida y conversan entre si allá abajo.

Escuchas eso son gruñidos hoy serán los primeros en acompañarme, tomen una antorcha, bajemos, esta oscuro y húmedo jajaja miren ahí esta saliendo un libro que esta a punto de leerles… 

Behind the secret door is a staircase, and below this the library of living books, no one dared to go down is a fearful place I can only go down, there are books that have been forgotten over the course of the years , mentions only the simple quote, but never more have been reading, that genre that his characters come to life and talk to each other down there.

Hear that are grunts today will be the first to join me, take a torch, go down this dark and damp this out there lol look at a book that is about to read 


 
La Esperanza 

(cuento completo)

Villiers de L´Isle Adam

Al atardecer, el venerable Pedro Argüés, sexto prior de los dominicos de Segovia, tercer Gran Inquisidor de España, seguido de un fraile redentor (encargado del tormento) y precedido por dos familiares1 del Santo Oficio provistos de linternas, descendió a un calabozo. La cerradura de una puerta maciza chirrió; el Inquisidor penetró en un hueco mefítico, donde un triste destello del día, cayendo desde lo alto, dejaba percibir, entre dos argollas fijadas en los muros, un caballete ensangrentado, una hornilla, un cántaro. Sobre un lecho de paja sujeto por grillos, con una argolla de hierro en el pescuezo, estaba sentado, hosco, un hombre andrajoso, de edad indescifrable.
Este prisionero era el rabí Abarbanel, judío aragonés, que -aborrecido por sus préstamos usurarios y por su desdén de los pobres- diariamente había sido sometido a la tortura durante un año. Su fanatismo, "duro como su piel", había rehusado la abjuración.
Orgulloso de una filiación milenaria -porque todos los judíos dignos de este nombre son celosos de su sangre-, descendía talmúdicamente de la esposa del último juez de Israel: Hecho que había mantenido su entereza en lo más duro de los incesantes suplicios.
Con los ojos llorosos, pensando que la tenacidad de esta alma hacía imposible la salvación, el venerable Pedro Argüés, aproximándose al tembloroso rabino, pronunció estas palabras:
-Hijo mío, alégrate: Tus trabajos van a tener fin. Si en presencia de tanta obstinación me he resignado a permitir el empleo de tantos rigores, mi tarea fraternal de corrección tiene límites. Eres la higuera reacia, que por su contumaz esterilidad está condenada a secarse... pero sólo a Dios toca determinar lo que ha de suceder a tu alma. ¡Tal vez la infinita clemencia lucirá para ti en el supremo instante! ¡Debemos esperarlo! Hay ejemplos... ¡Así sea! Reposa, pues, esta noche en paz. Mañana participarás en el auto de fe; es decir, serás llevado al quemadero, cuya brasa premonitoria del fuego eternal no quema, ya lo sabes, más que a distancia, hijo mío. La muerte tarda por lo menos dos horas (a menudo tres) en venir, a causa de las envolturas mojadas y heladas con las que preservamos la frente y el corazón de los holocaustos. Seréis cuarenta y dos solamente. Considera que, colocado en la última fila, tienes el tiempo necesario para invocar a Dios, para ofrecerle este bautismo de fuego, que es el del Espíritu Santo. Confía, pues, en la Luz y duerme.
Dichas estas palabras, el Inquisidor ordenó que desencadenaran al desdichado y lo abrazó tiernamente. Lo abrazó luego el fraile redentor y, muy bajo, le rogó que le perdonara los tormentos. Después lo abrazaron los familiares, cuyo beso, ahogado por las cogullas, fue silencioso. Terminada la ceremonia, el prisionero se quedó solo, en las tinieblas.
*
El rabí Abarbanel, seca la boca, embotado el rostro por el sufrimiento, miró sin atención precisa la puerta cerrada. "¿Cerrada?..." Esta palabra despertó en lo más íntimo de sus confusos pensamientos un sueño. Había entrevisto un instante el resplandor de las linternas por la hendidura entre el muro y la puerta. Una esperanza mórbida lo agitó. Suavemente, deslizando el dedo con suma precaución, atrajo la puerta hacia él. Por un azar extraordinario, el familiar que la cerró había dado la vuelta a la llave un poco antes de llegar al tope, contra los montantes de piedra. El pestillo, enmohecido, no había entrado en su sitio y la puerta había quedado abierta.
El rabino arriesgó una mirada hacia afuera.
A favor de una lívida oscuridad, vio un semicírculo de muros terrosos en los que había labrados unos escalones; y en lo alto, después de cinco o seis peldaños, una especie de pórtico negro que daba a un vasto corredor del que no le era posible entrever, desde abajo, más que los primeros arcos.
Se arrastró hasta el nivel del umbral. Era realmente un corredor, pero casi infinito. Una luz pálida, con resplandores de sueño, lo iluminaba. Lámparas suspendidas de las bóvedas azulaban a trechos el color deslucido del aire; el fondo estaba en sombras. Ni una sola puerta en esa extensión. Por un lado, a la izquierda, troneras con rejas, troneras que por el espesor del muro dejaban pasar un crepúsculo que debía ser el del día, porque se proyectaba en cuadrículas rojas sobre el enlosado. Quizá allá lejos, en lo profundo de las brumas, una salida podía dar la libertad. La vacilante esperanza del judío era tenaz, porque era la última.
Sin titubear se aventuró por el corredor, sorteando las troneras, tratando de confundirse con la tenebrosa penumbra de las largas murallas. Se arrastraba con lentitud, conteniendo los gritos que pugnaban por brotar cuando lo martirizaba una llaga.
De repente un ruido de sandalias que se aproximaba lo alcanzó en el eco de esta senda de piedra. Tembló, la ansiedad lo ahogaba, se le nublaron los ojos. Se agazapó en un rincón y, medio muerto, esperó.
Era un familiar que se apresuraba. Pasó rápidamente con una tenaza en la mano, la cogulla baja, terrible, y desapareció. El rabino, casi suspendidas las funciones vitales, estuvo cerca de una hora sin poder iniciar un movimiento. El temor de una nueva serie de tormentos, si lo apresaban, lo hizo pensar en volver a su calabozo. Pero la vieja esperanza le murmuraba en el alma ese divino tal vez, que reconforta en las peores circunstancias. Un milagro lo favorecía. ¿Cómo dudar? Siguió, pues, arrastrándose hacia la evasión posible. Extenuado de dolores y de hambre, temblando de angustia, avanzaba. El corredor parecía alargarse misteriosamente. Él no acababa de avanzar; miraba siempre la sombra lejana, donde debía existir una salida salvadora.
De nuevo resonaron unos pasos, pero esta vez más lentos y más sombríos. Las figuras blancas y negras, los largos sombreros de bordes redondos, de dos inquisidores, emergieron de lejos en la penumbra. Hablaban en voz baja y parecían discutir algo muy importante, porque las manos accionaban con viveza.
Ya cerca, los dos inquisidores se detuvieron bajo la lámpara, sin duda por un azar de la discusión. Uno de ellos, escuchando a su interlocutor, se puso a mirar al rabino. Bajo esta incomprensible mirada, el rabino creyó que las tenazas mordían todavía su propia carne; muy pronto volvería a ser una llaga y un grito.
Desfalleciente, sin poder respirar, las pupilas temblorosas, se estremecía bajo el roce espinoso de la ropa. Pero, cosa a la vez extraña y natural: los ojos del inquisidor eran los de un hombre profundamente preocupado de lo que iba a responder, absorto en las palabras que escuchaba; estaban fijos y miraban al judío, sin verlo.
Al cabo de unos minutos los dos siniestros discutidores continuaron su camino a pasos lentos, siempre hablando en voz baja, hacia la encrucijada de donde venía el rabino. No lo habían visto. Esta idea atravesó su cerebro: ¿No me ven porque estoy muerto? Sobre las rodillas, sobre las manos, sobre el vientre, prosiguió su dolorosa fuga, y acabó por entrar en la parte oscura del espantoso corredor.
De pronto sintió frío sobre las manos que apoyaba en el enlosado; el frío venía de una rendija bajo una puerta hacia cuyo marco convergían los dos muros. Sintió en todo su ser como un vértigo de esperanza. Examinó la puerta de arriba abajo, sin poder distinguirla bien, a causa de la oscuridad que la rodeaba. Tentó: Nada de cerrojos ni cerraduras. ¡Un picaporte! Se levantó. El picaporte cedió bajo su mano y la silenciosa puerta giró.
*
La puerta se abría sobre jardines, bajo una noche de estrellas. En plena primavera, la libertad y la vida. Los jardines daban al campo, que se prolongaba hacia la sierra, en el horizonte. Ahí estaba la salvación. ¡Oh, huir! Correría toda la noche, bajo esos bosques de limoneros, cuyas fragancias lo buscaban. Una vez en las montañas, estaría a salvo. Respiró el aire sagrado, el viento lo reanimó, sus pulmones resucitaban. Y para bendecir otra vez a su Dios, que le acordaba esta misericordia, extendió los brazos, levantando los ojos al firmamento. Fue un éxtasis.
Entonces creyó ver la sombra de sus brazos retornando sobre él mismo; creyó sentir que esos brazos de sombra lo rodeaban, lo envolvían, y tiernamente lo oprimían contra su pecho. Una alta figura estaba, en efecto, junto a la suya. Confiado, bajó la mirada hacia esta figura, y se quedó jadeante, enloquecido, los ojos sombríos, hinchadas las mejillas y balbuceando de espanto. Estaba en brazos del Gran Inquisidor, del venerable Pedro Argüés, que lo contemplaba, llenos los ojos de lágrimas y con el aire del pastor que encuentra la oveja descarriada.
Mientras el rabino, los ojos sombríos bajo las pupilas, jadeaba de angustia en los brazos del Inquisidor y adivinaba confusamente que todas las fases de la jornada no eran más que un suplicio previsto, el de la esperanza, el sombrío sacerdote, con un acento de reproche conmovedor y la vista consternada, le murmuraba al oído, con una voz debilitada por los ayunos:
-¡Cómo, hijo mío! ¿En vísperas, tal vez, de la salvación, querías abandonarnos?
FIN






¿por qué promuevo el terror en el perú?




¿por qué promuevo el terror en el perú?

CARLOS ENRIQUE SALDIVAR



No sé cómo he de enfrentarme a esta pregunta, solo se me 

ocurre decir que el terror me ha fascinado desde la 

infancia;no concibo mi vida sin este fabuloso género 

artístico. Mis ansias por difundir el terror u horror son 

más fuertes que cualquier impertinente deseo por 

aquietarme, ya fuere este mío o de otros. Mi afán de 

promoverlo forma parte de mi naturaleza, creo que 

incluso lo equiparo a las fuerzas que imprimo en la 

escritura de cuentos, en la labor editorial, en mi trabajo 

como corrector de estilo y asesor literario. Yo diría que el 

terror es una corriente muy difícil de escribir, la meta es 

generar miedo, inquietud, perturbación en el lector y para 

lograr eso se necesita un talento especial, una magia que 

solo los buenos creadores pueden lograr. Como dije, el 

terror u horror ha formado parte de mi existencia desde 

siempre, gracias a los libros, a los cómics, a las películas, 

y, cuando me adentré en el mundo de la internet en el año 

2001, pude acceder a incontables relatos de espanto, los 

cuales me satisficieron. Me di cuenta de que no estaba 

solo, había otros como yo en todo el planeta, lectores y 

autores, muchos de estos últimos novatos, sí, pero tenían 

unas enormes ganas de aprender, porque en la literatura 


la brillantez se desarrolla con las lecturas y con la 

práctica escritural. En aquella época descubrí revistas, 

antologías,blogs y plataformas interesantes donde pude 

leer cuentos clásicos de horror; al mismo tiempo, 

mientras vivía la etapa universitaria, recorría librerías de 

viejo buscando volúmenes de todo género, aunque 

siempre sentí una debilidad especial por el horror: ciertos 

ejemplares de autor, o las antologías de las editoriales 

Acervo y Bruguera fueron nutriéndome poco a poco, 

formando al escritor en que me convertiría. Pronto 

llegaron las novelas de los grandes maestros, algunas 

delgadas, otras gordas, muchas daban miedo, me 

emocionaban, establecí mis preferencias autorales y, al 

día de hoy, los sigo disfrutando con fruición. Me invade el 

gozo al leer cuentos espeluznantes, siento placer al 

redactarlos, por ello decidí dar a conocer la vertiente en 

mi país, hay que empezar en orden, primero en uno 

mismo, luego en el hogar,la ciudad, el continente, después 

en el resto del mundo. 

Saber que uno no está solo en tal empresa brinda ánimos 

para continuar, saber que en el Perú hay gran interés por 

la corriente acrecienta mis deseos de proseguir,pues hay 

eventos, lectores, autores, publicaciones, editoriales, 

plataformas que divulgan estos textos. Aunque seamos 

sinceros, el terror no se ha trabajado mucho en mi país, de 

hecho, es escaso; hay trabajos de autores respetados y 

hoy recordados, hay estudios prestigiosos, pero el 

verdadero boom del horror aún está por darse. Hemos 

tenido autores en este nuevo siglo, contamos aún con 

ellos, se han añadido nuevos escritores, algunos muy 

jóvenes, otros mayores; lo importante es que muchos de 

ellos ofrecen calidad, eso es vital al momento de promover 

el género. Porque el terror es asombroso, sombrío, íntimo; 

puede leerse a oscuras, con gran secreto y remueve ciertos 

aspectos de la mente que la mayor parte del tiempo se 

encuentran dormidos. Porque el terror enloquece de gusto 

y sacude al mejor plantado. Porque no muchos lo 

 trabajan ya que, como dije, requiere una labor 

estructural efectiva, una psicología de personajes atinada, 

una construcción sólida. Porque cada publicación de valía 

dentro de la vertiente requiere y merece ser anunciada; 

somos pocos, pero vamos creciendo, así los lectores 

podrán acceder a estas obras pues asustarse es una 

retorcida necesidad, al igual que asustar. Esa es la razón, 

queridos amigos, por la cual difundo el terror en el Perú.



Lima, diciembre de 2014